Siempre he sido una persona muy pulcra, de bañarme dos veces al día, de echar a lavar la ropa después de una postura, de tener siempre limpia mi pieza, el baño, la cocina, toda la casa. La cosa es que desde que me convertí en madre eso ha cambiado un poco… y les voy a contar en detalle cómo ha cambiado, espero que alguna se sienta identificada y se ría un poco, más que nada para no sentirme sola!!

En esta primera parte vamos a hablar de la ropa. Más adelante hablaremos de la higiene personal y de la casa.

La ropa

Antes la ropa tenía solo dos estados, limpia o sucia. La ropa limpia iba en el closet y la ropa sucia en el canasto del lavado, simple y claro. El tema es que ahora se han sumado varios niveles entre medio que me hacen un poco más fácil la vida, disminuye la cantidad de veces que tengo que lavar la ropa, aumenta la vida útil de las prendas (porque seamos honestas, la ropa de los cabros chicos cada día dura menos, como que al lavado número 50 se autodestruye!) y al final del día disminuye la pega asociada a la ropa (lavar, colgar a secar, planchar, doblar y guardar un montón de prendas de tamaño pequeño, sin contar la búsqueda de calcetines guachos, costura de pantalones rotos, escobillado y remojo de prendas blancas, etc.)

Ahora les voy a detallar mis niveles de suciedad:

Nivel 1: Ropa limpia limpia

Esta es la ropa que está dentro del closet o la que está en camino entre el tendedero y el closet, es ropa que huele a detergente, que está lista para usar, en resumen, es la ropa que yo antes llamaba solamente “limpia”.

Nivel 2: Ropa bastante limpia

Esta ropa fue usada en algún momento, generalmente por poco tiempo y, por lo tanto, se puede volver a usar. Les doy un ejemplo: Miras por la ventana y ves que el día está medio nublado, entonces te pones una polera de manga larga, la usas un par de horas, y cuando sales de tu casa te das cuenta que está bastante más caluroso de lo que creías y vuelves a tu closet a sacar una polera de manga corta. La primera polera ha sido usada por un rato, pero no está completamente sucia y puede ser vuelta a usar. La dejas en la silla y mañana podrás ponértela nuevamente.

 

Nivel 3: Ropa usada pero no hedionda

Esta es la que usaste por un largo rato, quizás incluso un día completo, pero no está tan sucia como para irse al lavado al tiro. Por ejemplo, te pusiste jeans y estuviste todo el día en la casa, no hay tierra ni manchas de comida en el pantalón y además pasa la prueba del olfateo. Cuál es esa prueba? Acercas la ropa a tu cara y la olfateas, si resistes el olor, entonces la puedes volver a usar.

 

Nivel 4: Ropa un poco sucia, levemente olorosa, pero arreglable con perfume/colonia

Esto se parece mucho al nivel anterior, pero la prenda ya no pasa la prueba del olfateo. Hay un leve olor a “malla de cebolla” en la zona de las axilas, o un suave olor a peo en la entrepierna, pero te gusta tanto esa polera o jeans, que agarras un frasco de colonia (desodorante, perfume, Glade o Lysol) y rocías levemente (o profusamente, eso depende de cada usuario) la prenda y te la vuelves a poner. Ojo, esta prenda no debe ser usada mucho rato, porque el efecto del aromatizante no es eterno. Salva como para salir a comprar pan y volver, o como para ir a dejar a los cabros chicos al colegio sin salir del auto y volver a la casa a bañarse y ponerse ropa limpia limpia (o bastante limpia). Este nivel representa a la ropa “salvavidas”, esa que te saca de apuro cuando te levantas tarde y tienes cosas urgentes que hacer, pero no debe ser usada en público mucho rato, por respeto al resto.

Nivel 5: Ropa sucia

Este nivel es bien sencillo, ropa que está cochina y no debes volver a usar, punto.

Nivel 6: Ropa inmunda

Esa ropa que está TAN sucia, que solita se va a meter a la lavadora, generalmente lleva alguna mancha amplia de algún fluido corporal ajeno (pipí, kk, vómito, estornudo cuático), o manchas de comida, barro, etc. La decisión es simple, lleve la ropa al lavado y vuelva al closet o la silla a buscar algo más que ponerse.