Se acerca Halloween, una fecha que para muchos adultos no tiene mucho sentido. Que no se celebraba en Chile hasta hace unos pocos años en que el comercio se dio cuenta que era una excelente manera de mejorar las ventas de dulces, disfraces y decoraciones en un mes que, antes de esto, no tenía nada de especial.

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Aunque la mayoría de los niños no sabe qué se celebra ni por qué se disfrazan para pedir dulces, lo importante es que el 31 de octubre es un día muy entretenido. Es un día en el que se rompen las reglas, los niños se disfrazan, se quedan despiertos hasta más tarde, salen con sus amigos a pedir dulces puerta por puerta, y terminan comiendo mucho azúcar a deshora y después no hay forma de hacerlos dormir. 

Halloween es una fecha muy esperada por los niños, chicos, no tan chicos y algunos un poco más grandes también. Desde mi punto de vista es un día en el que todos los niños, sin distinción de edad, pueden salir a pedir dulces a las casas de sus vecinos.

Prohibición de pedir dulces

El pueblo de Chesapeake, Virginia, en los EE.UU. tiene una ley que prohibe a los niños mayores de 12 años de salir a pedir dulces en Halloween. La ley dice “cualquier persona con edad superior a 12 años que se involucre en la actividad comúnmente conocida como “dulce o travesura” o en otra actividad de similares características o naturaleza bajo el nombre que sea, él o ella será culpable de una falta y será penado con una multa de no menos de $25.00 y no más de $100.00 o con encarcelamiento de hasta seis meses, o ambos”. En otros pueblos del mismo estado, como Norfolk, Portsmouth y Suffolk también hay leyes en contra de estas prácticas para niños mayores de 12 años, pero incluyen multas y no penas de reclusión.

Esto no es una broma, hay un lugar donde se penaliza con cárcel para los niños de más de doce años que quieran salir a pedir dulces. Creo que esto va más allá de lo inverosímil, bordea en el maltrato infantil. No es posible que se considere algo tan grave que un niño haga cosas de niño. 

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Doce años es una edad que yo considero como parte de la niñez, ¿o no? Por muy grandes que se vean algunos niños y niñas, siguen siendo unos mocosos chicos que se vuelven un poco locos ante la idea de recibir dulces en cantidades solo a cambio de ponerse un disfraz.

Un niño de 15 años que se disfraza para salir a pedir dulces no es un “patúo”. Es un adolescente aferrándose a las últimas instancias de su niñez, que se le escapa de las manos. Es algo natural y creo que los adultos deberíamos ayudarlo a permanecer niño por más tiempo si él así lo requiere. 

 

Halloween en mi casa

Yo soy medio gringa (mi padre era 100% gringo) y siempre celebré Halloween de chica, cuando nadie lo hacía. Teníamos 7 y 9 años con mi hermano y mi papá armaba fiestas de miedo en la casa. Con pruebas tipo gymkana, sacar manzanas de un balde de agua con hielo usando sólo la boca, porque teníamos las manos amarradas a la espalda. Contábamos cuentos de terror en una casa que solo estaba iluminada con velas. Los disfraces los inventábamos con lo que teníamos a mano, no podías comprar un sombrero de bruja en el supermercado en el año 1982. Así que con una cartulina negra hacías un cucurucho y lo decorabas con dibujos de papel de aluminio recortados, o los pintabas con tempera blanca. Usábamos ropa que nos había quedado chica para inventar cosas espeluznantes de qué disfrazarnos, era un día demasiado entretenido. 

Les cuento esto porque con el pasar de los años yo seguí la tradición y hacía unas fiestas demasiado entretenidas para celebrar Halloween. Ya casada, antes de tener a las niñas, armábamos fiestas de disfraces, decorábamos toda la casa, hacíamos comida temática, era una noche inolvidable. Y lo que no podía faltar era un gran bowl lleno con dulces para los invitados y también para los niños (y no tan niños) que llegaban a la puerta. 

Un año aparecieron los niños chicos del edificio a las ocho de la noche, luego unos un poco mayores cerca de las nueve y pasadas las 10, cuando ya habían llegado algunos de nuestros invitados, aparecieron algunos niños grandes, tenían 12 los más chicos y 15 o 16 los mayores del grupo. La mayoría venía disfrazado, salvo uno que andaba con jeans y polera. Cuando me pidió que le diera dulces le dije que sin disfraz no había dulces, me insistió y le dije “gánatelos, baila, canta, haz alguna gracia para ganarte los dulces”. El cabro empezó a rapear y bailar, improvisando una canción, me reí y le di un montón de dulces. Se fue feliz y contento.

Creo que era preferible que estos niños de 15 y 16 años estuvieran pidiendo dulces, aunque no estuvieran disfrazados, antes que estuvieran encerrados en su pieza jugando videojuegos online. Creo que un cabro de esa edad está mucho mejor pidiendo dulces con sus amigos, hermanos y primos chicos que sentado en su pieza viendo la tele, viendo videos en Youtube o incluso viendo porno escondido en su pieza. Hay otras opciones que son mucho peores, podría estar juntándose con jóvenes mayores que él en la plaza para consumir drogas, delinquir o salir a hacerle bullying a los demás niños de su edad por disfrazarse y salir a pedir dulces. Ninguna de estas opciones se compara siquiera con salir a pedir dulces.

Seamos inclusivos

También es posible que esos niños grandes que están pidiendo dulces sean niños con algún trastorno que los hace comportarse un poco más “guagua” que la edad que realmente tienen. No digo esto de manera despectiva, lo digo desde mi propia experiencia. Mi hija mayor tiene autismo, tiene 6 años, es del porte de una niña de diez años pero se comporta como si fuera mucho más chica que su edad cronológica. Le gustan los juegos de niños chicos, juega a la par con su hermana de 3 años.

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Tengo claro que a los 14 años va a tener el porte de una niña de 17 años y va a seguir queriendo salir a pedir dulces en Halloween. Y eso está bien, es su derecho de niña el hacer cosas de niña y nadie se lo va a venir a prohibir (no mientras yo esté aquí para defenderla).

No creo que sea correcto que un adulto le diga a un niño que se ve grande que no debería estar pidiendo dulces. Puede que ese niño viva en un hogar donde es maltratado y esa salida a pedir dulces es un respiro a toda la mala onda que vive en su casa. Es posible que sus padres trabajen hasta tarde y él deba quedarse a cargo de sus hermanos menores, aún cuando sea chico para hacer eso.

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Quizás en su casa al presupuesto está muy apretado y no existe la posibilidad de comprar dulces, y Halloween es una gran oportunidad para comer golosinas y caramelos que normalmente no están disponibles. Tal vez tiene un familiar muy enfermo en la casa y el ambiente familiar no es alegre y esta es una oportunidad de reír sin remordimiento y pasarlo bien por un rato.

Hay muchas cosas que pueden estar pasando en la vida de ese niño de 15 años que está en la puerta de tu casa pidiendo dulces, muchas cosas que tú desconoces. Mejor no lo juzgues y dale un puñado de dulces para que se vaya contento a la próxima casa.