Tengo depresión, esa es la verdad. No es fácil decirlo en voz alta porque hay muchos estigmas alrededor de la salud mental, pero es la realidad. Además del estigma, hay muchas interpretaciones erradas acerca de la depresión, como que es algo leve y pasajero, que si cambias de actitud se te va a pasar, que con yoga y aceites esenciales se soluciona, que es igual para todos, etc. Todo eso no solo es errado, sino también es muy dañino para quienes vivimos con depresión (y ansiedad, trastorno bipolar, trastorno de stress post-traumático y cualquier otra enfermedad y/o trastorno de salud mental), pues se subestima el impacto que ella tiene en nuestras vidas. 

La realidad

Según la OMS “la depresión es un trastorno mental frecuente, que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración.”

https://www.who.int/topics/depression/es/

Se desconoce la causa exacta, pero probablemente tiene que ver con la herencia, cambios en las concentraciones de neurotransmisores, una alteración en la función neuroendocrina y factores psicosociales.

https://www.msdmanuals.com/es-cl/professional/trastornos-psiquiátricos/trastornos-del-estado-de-ánimo/trastornos-depresivos

En Chile casi 850.000 personas vivimos con depresión y se estima que son 300 millones de personas en el mundo. Aún así sigue habiendo muchas dudas al respecto. Una de las que más me sorprende es que “la depresión es igual para todos”. Eso no es así, la depresión es un paraguas de diagnósticos, tiene muchas subcategorías, dependiendo de como se quiera ver. 

https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/depression

https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/254610/WHO-MSD-MER-2017.2-eng.pdf;jsessionid=F49AE3EA20758131EB81CB4E492D8BDE?sequence=1

Existe la depresión endógena, la reactiva, la depresión post parto. Hay formas de depresión relacionadas a la cantidad de horas de luz solar a las que están expuestas las personas. También está la depresión mayor y la leve o menos severa. Pero además de esas categorías, hay miles de millones de sub-sub-sub categorías (este es un término 0% científico que acabo de inventar) que hacen que cada persona tenga signos y síntomas de la enfermedad que son específicos para él y que lo hacen diferente a lo que presentan los demás. La depresión se presenta de forma distinta en hombres y mujeres. También lo hace según la edad de quién la presenta, desconozco si hay peculiaridades según razas, pero posiblemente las hay. 

De la misma forma en que hay miles de formas distintas de depresión, hay muchas de formas distintas de tratarlas. Hay muchos medicamentos distintos, que se usan solos o en combinación, en distintas dosis y horarios. También hay terapias complementarias que se recomiendan para (valga la redundancia) complementar el tratamiento médico, farmacológico y psicoterapéutico de la depresión. 

La depresión no es algo sencillo

La depresión no es un tema sencillo, NUNCA debe ser tomado a la ligera, nunca debe ser mirado a huevo ni minimizado. Quien la presenta DEBE ir al médico, quien será el que le recomiende uno o varios de los muchos tipos de tratamientos que existen, y este tratamiento debe ser seguido al pie de la letra.

Especialmente el tratamiento farmacológico, porque no es llegar y cambiar los medicamentos de un día para otro, no es lo mismo tomárselo uno cada 12 horas que los dos juntos a cualquier hora. No puedo llegar y empezar a tomar lo que mi amiga toma, ni mezclar medicamentos con prescripción con hierbas o plantas medicinales u otros remedios naturales sin antes consultar con el médico o farmacéutico, ya que estas mezclas pueden ser dañinas o incluso anular los efectos uno del otro. 

Existen también tratamientos no farmacológicos, que pueden ser una opción para las personas que no creen que los medicamentos son la mejor opción. Flores de Bach, aceites esenciales, aromaterapia, acupuntura, etc. Todas esas terapias pueden ser usadas por sí solas o en combinación con la psicoterapia y la terapia farmacológica.

Soy feliz

Sentirse bajoneado no es lo mismo que tener depresión clínica. Pero, desgraciadamente, nuestro idioma, al igual que en muchos otros idiomas, usa la misma palabra para describir cómo se siente un niño cuando llueve el día de su cumpleaños y para describir como se siente una persona justo antes de suicidarse.

Tener depresión no significa que yo no soy feliz, porque sí lo soy, y mucho. Depresión no es el antónimo de alegría, estar deprimida no significa no poder sonreír, no estar alegre. La depresión no es sentirse mal cuando las cosas salen mal, la depresión es sentirse mal cuando las cosas salen bien…

Gracias a Dios mi marido me llevó al psiquiatra hace varios años, y él me dio medicamentos para tratarla. Y yo seguí yendo a verlo y seguí tomando los medicamentos. Después cambié de psiquiatra y cambié de medicamentos y sigo viendo a mi psiquiatra regularmente. En todo esto han pasado varios años y gracias a todo esto estoy mucho mejor, disfruto las cosas buenas de la vida, como mi familia, mis amigas, mi trabajo, etc. Esto no quiere decir que ya no tenga depresión, sólo quiere decir que estoy en tratamiento y he aprendido a vivir con depresión.

Las demás personas

Un tema muy importante, y que pocas veces se toca, es como el resto del mundo enfrenta la depresión de un familiar, amigo o compañero de trabajo. Esto es complejo por muchos motivos, siendo uno de los más importantes (desde mi humilde opinión), el estigma asociado a la depresión, que lleva a que muchos de quienes la presentan no quieran contarle al resto. 

En mi caso particular soy farmacéutico, como muchos de ustedes ya saben, y eso hace que no sea un tema que la gente en mi pega sepa que tomo antidepresivos. Entienden que algunos días llego más tarde porque tengo hora al psiquiatra, además del hecho que compro mis medicamentos en mi mismo local. Esto me ayuda muchísimo a que todos sean más comprensivos si un día ando de mal humor, si ando más sensible o eufórica. También me ayuda a que no se sorprendan cuando llego con cara de sueño y respondo a la pregunta “¿cómo está?” con un “cansada” todos los días sin excepción.

En mi núcleo más cercano también saben todos, mi marido, mi nana, mis amigas cercanas. Eso es necesario por temas prácticos, pero también por temas “de seguimiento” (nuevamente un término nada técnico que uso). Ellos son los que me preguntan cómo estoy y están verdaderamente interesados en mi respuesta, en los detalles acerca de lo mal que dormí y lo ansiosa que estoy por tal o cual evento venidero. Todo esto es muy útil en el día a día ya que me ayuda a manejar mi ansiedad y a no sentirme como un bicho raro.

Pero también existen los núcleos menos cercanos (uso este término porque lejanos puede sonar feo), y ellos no tienen idea de lo que pasa. Ellos no entienden los cambios de ánimo, los bajones, los días en que uno no se siente bien y no es la «alegría del hogar» que normalmente solemos ser.

El estigma de la depresión

El tema es que ese desconocimiento puede ser tóxico y hasta dañino. La ignorancia respecto de las condiciones de salud son las que generan estigmas, que pueden ser muy dañinos para quienes sufrimos de ellas. El estigma que rodea a la depresión es la causa por la que muchas personas no se atreven a decir que lo sufre. El estigma produce vergüenza en quien sufre la enfermedad, nos hace sentir culpables de estar enfermos.

La depresión es una enfermedad que puede llegar a ser incapacitante, pero es vista como una señal de debilidad. La depresión no es una elección, no es algo que esté bajo mi control. Pero desde fuera no parece ser así, como la depresión no tiene manifestaciones físicas visibles, solo síntomas intangibles, es difícil que quien no la sufre logre entenderlo. Pero si se presentan manifestaciones físicas a nivel cerebral, como una disminución en el tamaño de ciertas áreas como el hipocampo, cambios en los patrones de sueño e incluso se presentan anormalidades hormonales como un aumento de los niveles de cortisol y alteraciones tiroídeas.

Si yo te cuento que no me puedo levantar porque tengo una lesión en la espalda, tú me recomendarías que tomara un antiinflamatorio, que vaya al médico, o incluso me darías el dato de tu quiropráctico. Pero si te digo que estoy tan deprimida que no me puedo levantar, ahí los consejos serían muy distintos, lo más probable es que vayan más por el lado de «esto es una cosa de actitud», «arriba el ánimo, si no puede ser nada tan grave» y la peor: «eres una malagradecida, tienes todo en la vida y no puede ser que te estés quejando». Ves la diferencia? Ambas son enfermedades, pero una es tratada como un problema de actitud y la otra de verdad se toma en serio, ¿por qué hacemos eso?

¿Por qué cuando se trata de hipertensión, asma o diabetes la gente toma en serio las enfermedades, pero a la hora de la depresión y trastornos del ánimo, la gente se lo toma como si fuese un problema de voluntad?

¿Por qué le decimos «loquero» al psiquiatra?

¿Hay algún motivo para que todo el mundo esconda el hecho que toma ansiolíticos y/o antidepresivos?

¿Por qué se considera la depresión una señal de debilidad?

Hay muchas preguntas respecto a este tema, y no tengo la respuesta para la mayoría de ellas.

El encierro agrava la depresión

La llegada del coronavirus trajo de la mano el aislamiento social y eso ha hecho que la depresión sea más severa en muchas personas. El encierro, el no ver a nuestros amigos, la incertidumbre económica, el teletrabajo (para los que aún tienen trabajo), la cesantía o la obligación de trabajar en el sector salud, ayudar a los niños con las cosas del colegio, las labores de la casa, cocinar, son un montón de cosas que hemos debido asumir en un tiempo muy corto. 

Hay muchas emociones que nos van a acompañar en este tiempo, es normal que las sintamos, es normal no estar felices con este encierro obligado.

  • Miedo a enfermar y morir
  • Frustración por no tener el control de nuestras vidas
  • Aburrimiento, es normal que estando encerrados todo el día nos aburramos
  • Soledad, en especial las personas que están pasando la cuarentena sin compañía
  • Angustia
  • Ansiedad
  • Sensación de encierro, como la Olguita Marina
  • Incertidumbre por la duración del encierro

Lo más importante es que aceptemos que no estamos bien, que hablemos con nuestros más cercanos y les contemos cómo nos sentimos. Existen formas de tener horas psicológicas virtuales, existen incluso algunos psicólogos que han regalado sesiones virtuales para personas que lo necesiten. De la misma forma han habido talleres gratuitos de meditación, mindfulness, etc.

Consejos para enfrentar el encierro

Depresión encierro
  • Asumir lo que está pasando y que es difícil
  • Hacerse una rutina: aunque no tengamos que trabajar, mantengamos la costumbre de ducharnos, cambiarnos de ropa y hacer la cama todos los días. También es bueno comer a sus horas y dormir suficiente.
  • Mantenerse conectado: no a las noticias y a redes sociales, sino a las personas que mas queremos. Aprovechemos la tecnología para hacer videollamadas con nuestros amigos, nuestros parientes que están lejos, no te quedes solo.
  • Controlemos la cantidad de información que vemos: Si bien es importante mantenerse informados, hay que limitar un poco la cantidad de cosas que leemos. Demasiada información puede ser angustiante y alimentar nuestros miedos.
  • No seas tan estricto contigo mismo: Si no aprendes un nuevo idioma, si no tejes un cubrecama a crochet o no aprendes a cocinar como un chef, no importa. Está bien estar en «modo sobreviviente» y sólo cocinar lo más básico y ver series de Netflix toda la tarde.
  • Haz una buena acción: Puedes escribirle una carta a alguien que está enfermo y solo en un hospital (Proyecto Te escribo porque), ofrécete a hacerle las compras a alguno de tus vecinos, descarga la App Be My Eyes y ayuda a una persona ciega. Hay muchas opciones de hacer algo bueno por otra persona, eso te va a hacer sentir mejor contigo mismo

Hablemos de depresión

La única forma de alejar los prejuicios alrededor de la depresión y los trastornos del ánimo es hablando del tema. Hablando del tema con mayor normalidad, sin pudores, sin rodeos. Si la depresión no es sarna, ni lepra, ni sífilis, no tiene que ser un motivo de vergüenza. No es tu culpa tener depresión, no es mi culpa tener depresión.

hablemos de depresión
Hablemos de depresión

La otra vez estábamos conversando con unas amigas y una de ellas nos contó que su médico le había dado un ansiolítico X, en ese mismo momento 3 de las que estábamos ahí dijimos que también lo tomábamos. La cara de mi amiga cambió, se notó que se sentía mucho más tranquila después de saber que no estaba sola. Ahí la conversación se relajó y todas le contamos nuestras experiencias, cómo nos había ayudado a sentirnos mejor, más tranquilas y que no tenía que estar preocupada por el tema, que todas la entendíamos. 

La depresión está fuertemente ligada al riesgo de suicidio, así que hablar del tema nos puede ayudar a prevenir suicidios. Se suele pensar que no se debe hablar de suicidio, porque eso es darle una idea que antes no tenía, pero no es así. Es posible que lo haya pensado y necesite alguien con quien conversar al respecto, es posible que hablar del tema haga que deje de pensar en eso. Aconséjale que vaya al psicólogo o al psiquiatra, recuérdale que siempre puede hablar contigo acerca de lo que siente, que lo vas a escuchar y ayudar en lo que puedas. Sólo con eso, es posible que hayas evitado que siga pensando en suicidarse.

Si tienes una amiga o familiar con depresión, no la dejes sola, llámala a menudo, invítala a salir, aunque sepas que a veces te va a decir que no, pero síguela invitando, para que sepa que la quieres y te preocupas por ella. Debes tener paciencia, la depresión es una enfermedad jodida y larga, así que no dejes sola a tus amigas.

 

Charlas TED

Quiero compartir con ustedes algunas charlas TED acerca de este tema, contadas en primera persona.

Nikki Webber Allen

Andrew Solomon

Kevin Breel

Ruby Wax