Hace un par de semanas estaba caminando cerca de mi casa, revisando mi cuenta de Instagram, sin mirar por donde caminaba. Sé perfectamente que no es una bueno hacerlo, que hace más probable tener un accidente. Te pueden robar el teléfono o te puedes chocar con algo o alguien delante tuyo. Hartas cosas pueden salir mal. Una de ellas salió mal. Me tropecé con algo y me fui de hocico al suelo. El celular salió volando por el aire, el contenido de mi cartera quedó tirado en el suelo, junto con mi dignidad. Por suerte dos personas me ayudaron a levantarme y recoger mis cosas. Gracias a Dios a mi no me pasó nada (aparte de la dignidad perdida).

Me levanté y traté de recuperar mi dignidad mientras caminaba, con el teléfono en la cartera para no tentar a la suerte. Lo primero que pensé fue que la vereda estaba desnivelada y que por eso me había caído… luego me dije PARA! Nada de lo que pasó es culpa del suelo, es todo mi culpa, yo estaba poniéndole atención al teléfono y no a por donde estaba caminando. Nada de esto es culpa de algo o alguien más, esto es todo mi culpa.

Esto me hizo pensar en lo fácil que es echarle la culpa al empedrado y hacerse la loca con lo que es nuestra responsabilidad. Es más fácil quejarse que dar las gracias.

Hablé con mi marido y coincidimos en que, a veces, debemos hacer un esfuerzo para ver lo bueno que ha pasado en nuestro día. Eso no está bien. Para nosotros significa que hemos pensado que quejarse es algo más natural y que dar las gracias no nos sale de forma tan natural como debiera.

Así que pensamos que sería bueno empezar a pensar en las cosas buenas que pasan en nuestra vida, todos los días. Buscar lo bueno de cada día, en vez de pensar solo en las cosas malas.

gracias

Tenemos dos hijas, de 6 y 3 años. La mayor tiene autismo, la diagnosticaron hace poco más de dos años. Tiene un horario bastante demandante, va a un colegio distinto al de su hermana, recibe terapia en el colegio. Además tiene terapia ocupacional, psicológica y fonoaudiológica todas las semanas.

Es una niña increíble, es divertida, cariñosa, juguetona y muy inteligente. Se lleva muy bien con su hermanita, juegan y se ríen todo el día, se echan de menos cuando están en el colegio, les gusta dormir juntas, son una ternura. Lo que no significa que no peleen por quien sujeta el teléfono del papá mientras ven videos en YouTube, quien se come el último pedazo de chocolate y quien tiene el juguete más bacán.

Mi hija tiene problemas con hartas cosas, especialmente las que tienen que ver con temas sensoriales. Lo pasa mal con la comida, hay texturas que no puede comer, o la comida está muy cerca en el plato, o el agua está mojada… Irse a dormir es algo complejo, ella tiene un trastorno del sueño desde muy pequeña y requiere de una rutina del sueño bastante estricta.

Su trastorno del lenguaje incluye el que no entienda ciertos conceptos abstractos como el dinero, el tiempo, el egoísmo, vergüenza, culpa o respeto. Tiene problemas serios con el control de impulsos y no acepta el “no” como respuesta, lo que significa que pasa mucho tiempo peleando para salirse con la suya.

El desafío de dar gracias

Pensar en los desafíos que enfrentamos a diarios es algo muy natural para nosotros, por eso el “desafío de dar gracias” que hacemos con mi marido es una muy buena idea. En la noche solemos estar cansados y con privación de sueño (6 años con una hija con un trastorno del sueño puede hacer eso) y nuestra paciencia no abunda a esa hora.

Los dos trabajamos fuera de la casa (mi marido mucho más que yo, que solo lo hago medio tiempo), yo además tengo este blog y me ocupo de las niñas y de llevar a la Flo a terapia. Los dos tenemos el vaso bastante lleno.

En un principio pensamos que sería bueno dar gracias en voz alta todas las noches, pero también pensamos que sería lindo poder leer los agradecimientos al final del año (y en otras fechas importantes como los cumpleaños de las niñas o nuestro aniversario de matrimonio) y ver las cosas que nos han hecho felices durante el año.

Después se me ocurrió un cuaderno, pero pensé que sería mejor que los agradecimientos fueran “secretos” y el otro no los pudiera ver hasta la hora de leerlos. Entonces vino la idea de  usar un frasco y anotar las gracias en papeles pequeños.

Encontré un frasco lindo que me regaló mi suegra hace unos años y decidí decorarlo un poco.

gracias   gracias

Pusimos reglas, escribimos la fecha y 1-2 cosas que han pasado durante el día por las que queremos dar gracias.

gracias

Después dijimos que, por lo menos una de las cosas que escribiéramos cada día debía estar relacionada con la Flo, nuestra hija con autismo. Estos nos “obliga” a enfocarnos en sus avances más que en las dificultades.

No solo es bueno para este desafío, también es bueno para nuestra relación con ella y con el autismo. Así la felicitamos todos los días por sus avances, lo que la hace muy feliz y orgullosa.

Ha sido un desafío muy lindo, a veces se da muy fácil, otras no tanto. Pero lo bueno es que nos ayuda a hablar de nuestro día y a enfocarnos en lo bueno de cada día y a dar gracias por eso.