A todos nos ha pasado alguna vez, vamos al supermercado y vemos a un niño tirado en el suelo gritando y pateando y a su madre al lado tratando de regular la situación. La reacción típica de la gente es pensar “cabro malcriado”. Muchas veces están en lo correcto y se trata de un niño que quiere un chocolate y la mamá le dijo que no. Pero también existe la posibilidad que eso no sea una pataleta, puede ser una crisis producida por sobrecarga sensorial. 

Es muy fácil confundirlas. Para el ojo no entrenado de una persona que no sabe nada del autismo, son exactamente iguales y son culpa de los padres. Pero no es verdad, una pataleta y una crisis son muy distintas. Ahora les quiero mostrar algunas diferencias básicas entre ellas.

 

Pataleta Crisis
Se tratan de manipulación y control Pérdida total de control y voluntad
Gatillado por frustración al no obtener lo que desea Gatillado por sobrecarga sensorial, emocional o de información; cambios repentinos de rutina
El motivo de la pataleta es conocido El motivo de la crisis puede ser desconocido por los padres
El niño busca contacto visual con sus padres No existe contacto visual del niño
Pone atención a lo que ocurre a su alrededor No procesa lo que pasa a su alrededor
Observa las reacciones de otros y responde de acuerdo a esto No responde a las reacciones o palabras de los demás
Trata de negociar una solución Pierde la habilidad de resolver problemas y negociar
Se «alimenta» del público No varía su intensidad ante la presencia de otras personas
El niño se preocupa de su propia seguridad, si se tira al suelo lo hace con cuidado de no hacerse daño No hay control de la propia seguridad. El niño puede hacerse daño durante una crisis
Cesan si son ignoradas Cesan cuando el niño se agota físicamente
Cesan cuando el niño logra lo que quiere Cesan cuando hay un cambio de las condiciones, que disminuyen la carga sensorial del niño

 

Por eso, la próxima vez que vean a un niño tirado en el suelo del supermercado gritando, acuérdese de este artículo. No llegue inmediatamente a la conclusión que el crío es un malcriado y empiece a hablar entre dientes acerca de como la madre está haciendo mal la pega. Piense que puede que el niño esté cansado y hambriento y eso lo tiene con la mecha muy corta. O que la música ambiental y los anuncios por altavoz le saturaron los sentidos y llegó al punto de no soportarlo más. Piensen que quizás la madre también está hambrienta y cansada y más que andar lidiando con las malas caras de los demás, puede necesitar ayuda. Quizás necesita ayuda para levantar a su hijo del suelo y ponerlo a salvo para que no se haga daño. Podría ser que necesite ayuda para terminar de hacer la compra para poderse ir a su casa con su hijo. Es posible que tenga todo bajo control y solo necesita apoyo moral, alguien que le recuerde que está haciendo su pega muy bien, o que le dé un abrazo y le diga que todo va a estar bien.

En resumen, un poco más de empatía y un poco menos de andar juzgando a los demás.