Si, señora, a usted le estoy hablando, a la señora en el supermercado, a la señora paseando al perro en la calle al lado del colegio de mi hija, a la vecina en el estacionamiento, usted sabe perfectamente quien es. Usted que me mira feo cuando me ve pasar con mi hija de casi 6 años (que en realidad parece de 8) en brazos. La que cuchichea con quien sea que tiene al lado acerca de como la estoy malcriando, de como ya es muy grande para que la tenga en brazos, como me va a romper la espalda, como la voy a malacostumbrar a andar en brazos, acerca de como la estoy guaguateando si ya es grande…

¿Sabe qué señora? Váyase a la mierda!! Eso, lo dije y no me importa lo que los demás opinen!!

No me interesa su opinión, no me interesa saber que usted, alguien que no conozco, cree que no es saludable lo que hago. Porque lo que estoy haciendo no es más que demostrar mi amor incondicional a mi hija a través de algo que a ella le encanta, que la trate como mi guagua. Y sabe por qué no me importa? Porque ella ES mi guagua, y siempre lo va a ser. Siempre va a ser mi niña pequeña, igual de pequeña en mis ojos que el día que nació. Igual de indefensa que cuando la traje a mi casa de la clínica. Igual de vulnerable que cuando se enfermó por primera vez y la tuve que llevar a urgencias. Si usted no entiende eso, lo lamento mucho, porque eso significa que en algún momento de su vida su corazón se secó, se volvió duro y frío. Y ya no es capaz de ver la ternura en el abrazo de una madre a su hija. Y una ternura más grande aún cuando esa niña es grande (o por lo menos se ve grande) y se nota que se está aferrando al cuello de su madre como si supiera que le queda poco tiempo de guagua. 

señora niña brazos

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Si tomar a mi hija en brazos es malcriarla, la voy a seguir malcriando todo el tiempo que ella me lo permita. Porque va a llegar un momento en que crezca y ya no quiera andar en brazos de la mamá. Y cuando eso pase lo voy a echar de menos. Voy a querer tomarla una vez más y decirle al oído que la adoro, y sentir su suave respiración en mi cuello, y recibir esos dulces besos que me da en el pelo mientras me dice “mamita linda”.

Si usted cree que se me va a partir la espalda, quiero decirle que es MI espalda. Y si yo no me estoy quejando, a usted no tiene por qué importarle si a mi me duele la espalda o no. Y si a mi me gusta usar estas instancias como ejercicio (porque no tengo tiempo de ir al gimnasio), eso es cosa mía!!! 

¿Cree que la voy a malacostumbrar a andar en brazos? Me parece fantástico que se acostumbre a poder contar conmigo para tomarla en upa cuando está cansada, cuando le duelen los pies, cuando tiene pena o sencillamente cuando anda regalona. Es algo que quiero que sepa que puede hacer, todas las veces que ella quiera. Porque siempre va a estar su mamá dispuesta a tomarla en brazos y recordarle que es lo que más quiero en la vida. 

Una última cosa, métase en sus propios asuntos y deje de opinar acerca de la vida de los demás!!

Atte

Mamá Pulpo Azul